La expansión de polos económicos en el país redefine las decisiones de asignación de capital para la adquisición de suelo, distinguiendo entre el desarrollo directo y la tenencia para apreciación. Un caso que ilustra esta dinámica es Chancay, tras la aprobación del Plan de Desarrollo Urbano 2024-2034 y la identificación de 1,200 hectáreas estatales con potencial para proyectos. En este escenario, la compra de lotes responde a dos estrategias: edificar infraestructura inmediata o colocar recursos esperando la valorización del activo en el tiempo.
“Cuando se compra un terreno como inversión, no basta con mirar el precio actual. Hay que observar hacia dónde está creciendo la ciudad, qué actividades económicas se están desarrollando en la zona y qué perspectivas tiene para los próximos años. Aprender a identificar esas oportunidades es tan importante como contar con el capital para invertir”, señala Benito López, CEO de Ubuntu Corporation.
¿Cómo influye el objetivo en la selección de la ubicación?
La finalidad de la adquisición determina las variables geográficas a ponderar. Para edificar de forma inmediata, la prioridad se concentra en la proximidad al empleo, centros educativos, áreas de comercio y redes de servicios básicos que aseguren operatividad diaria.
Por el contrario, la compra orientada a rentabilidad enfoca el análisis en los ejes de crecimiento urbano y en la cartera de infraestructura programada. Además de considerar la situación del entorno presente, también examina la demanda que podría generarse con la maduración de los planes distritales.
¿Cuál es la diferencia entre los plazos de edificación e inversión?
El horizonte temporal marca la estrategia operativa. Si la meta es levantar una edificación en el corto plazo, el comprador debe comprobar la fecha de entrega de la habilitación urbana y la disponibilidad efectiva de conexiones domiciliarias.
Para el inversionista patrimonial, el tiempo funciona como una variable de rendimiento. Mantener el suelo sin intervención permite absorber las plusvalías derivadas de la consolidación del entorno y del avance de obras complementarias en la zona de influencia.
¿Qué costos adicionales deben contemplarse según el propósito?
La estructura de desembolsos varía según el uso final del lote. Quien adquiere para construir asume el costo del predio sumado a los recursos de diseño, trámites municipales, licencias y ejecución de obras.
Aparte de la transacción inicial, la inversión patrimonial difiere los gastos de edificación. Sin embargo, este esquema exige calcular el costo de mantenimiento, tributos locales y el periodo de inmovilización del capital hasta la desinversión.
¿Qué especificaciones técnicas determinan el potencial del predio?
Las condiciones físicas adquieren diferente relevancia según el plan del adquirente. La topografía, el tipo de suelo y las dimensiones resultan críticas para quien busca edificar, pues definen la viabilidad técnica y el presupuesto estructural.
En cambio, la compra por apreciación evalúa predios que no entrarán en uso inmediato. El foco analítico se traslada a la zonificación, las posibilidades de aprovechamiento normativo y la liquidez que tendrá el lote frente a futuros compradores.
¿En qué fase del ciclo conviene ingresar al mercado?
El momento de entrada define el margen de entrada y salida del negocio. La compra orientada a vivienda evalúa la disponibilidad del predio y su respuesta a requerimientos funcionales inmediatos.
Por su parte, la inversión de capital encuentra ventajas de entrada en las etapas iniciales de comercialización. Adquirir en fase de preventa o lanzamiento asegura precios base menores frente a etapas posteriores, capturando la valorización que produce la entrega progresiva del proyecto y la consolidación de la zona.
“Independientemente del objetivo, antes de comprar es recomendable conocer la situación legal del inmueble, las características de la operación y las condiciones contractuales, así como informarse sobre la trayectoria de la empresa que comercializa el proyecto”, concluyó López.












